Badajoz, la mezcla perfecta entre historia y vanguardia
Escrito por Elena Galván   
miércoles, 02 de noviembre de 2016
Extremadura es uno de esos lugares que no deja de sorprendernos nunca. Cuando no es su gastronomía son sus paisajes, su gente o su cultura.

 
Un ejemplo de esto es Badajoz, provincia que nació sobre un asentamiento visigodo allá por el año 875, cuando los musulmanes dominaban la Península Ibérica. Su base se encuentra en la colina Cabezo de la Muela y ha conseguido extenderse hasta la ciudad que conocemos hoy.
 
La perfecta combinación entre lo tradicional con la arquitectura más contemporánea hacen que sea un lugar idóneo no solo para aquellos que quieren conocer de dónde venimos, sino para esos cuyo interés se despierta más con ver hacia dónde vamos.
La Plaza Alta es el inicio perfecto para comenzar a conocer su casco histórico. El estilo medieval que caracteriza su parte norte contrasta con su parte sur, más reformada. Algunos de los elementos claves que no podrás perderte durante tu paseo por esta plaza son las Casas Mudéjares, las Casas Coloradas o la Alcazaba.
 

 Esta última fue declarada Monumento Histórico-Artístico en 1931 y es considerada una de las mejores de España, además de estar entre las más grandes del mundo. La Alcazaba cuenta con un recinto amurallado que procede casi por completo de la época almohade. La sencillez y austeridad de su construcción son un fiel reflejo de los nómadas del Magreb de la época, permitiendo hacer una regresión a la vida de aquella etapa. En sus inicios, esta fortaleza era utilizada para controlar el paso desde la meseta castellana hasta los territorios andaluces y portugueses.

Como curiosidad, la parte superior de la muralla y las torres se comunican por un paseo de ronda o adarve al que se accede por escaleras interiores. Además, también se construían unas torres llamadas albarranas, como refuerzo de la defensa de las murallas.

 La Torre de la Atalaya, más conocida como Torre de Espantaperros, fue la más importante por sus características estilísticas y su tamaño. Esta torre presenta una planta octogonal, característica de la época almohade y su imagen recuerda a la Torre del Oro de Sevilla, puesto que el modelo de la torre extremeña fue el que se siguió para la posterior construcción de la andaluza.
 


El edificio de Las Tres Campanas es otro de esos lugares que no podrás dejar de visitar.
Sin duda, se trata de uno de los más bellos de la ciudad. Su nombre viene dado por el campanil que la remata, donde aparecen tres campanas bajo una cúpula metálica con caprichosa forma de paraguas. En su fachada predominan las líneas rectas, que contrastan con las preciosas balaustradas de los balcones. En éstos, destaca su decoración vegetal y los remates con cúpulas cuadrangulares gallonadas, recordando a los edificios franceses de la época.

 La Catedral de San Juan Bautista, situada en la Plaza de España, que es el centro neurálgico de la ciudad es otro de los lugares mágicos. Declarada también Monumento Histórico-artístico en 1931, destacan en ella la gran cantidad de escudos de obispos y nobles. Su interior consta de 12 capillas menores, que representan el estilo gótico de la época. Además, consta de una torre de 41 metros, de la que le será difícil apartar su vista.

Pero como hemos dicho, hay quien busca no salirse de su época y Badajoz también da esa posibilidad. Su Palacio de Congresos, construido en el interior del bastión de San Roque, fue elegido por el MOMA como uno de los edificios más representativos de la arquitectura española.
 
 El MEIAC (Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo) es capaz de unir la historia y la vanguardia. Y el Museo arqueológico provincial es otra de las visitas obligadas.
 
 
Una penúltima cosa…no deje de disfrutar de sus carnavales, donde las calles toman vida en cada rincón y cada una de las personas te hace sentir parte del festejo. Y si aún se ha quedado con ganas de más, escriba el final de este relato incorporando aquello que, tras su visita, más le enamore.